“A cada puerta una llave”….
Y a cada mano otra
Pero donde esta la otra?…
Escalando un monumento para ver mas delante de la gente
Espiando por el cerrojo para ver mas de lo que se me permite
Escuchando los ecos de la montaña vecina
Para tratar de descifrar la conversación de una hormiga escondida
El mago no tenia poder en esta tierra
es humano y tiene que aprender
a tratado de ser noble en la humanidad
pero le cuesta
Y que queda?
mas preguntas que respuestas
Y sin poder hacerlas
Callo…olvido…..
que la vida siga…
o hagamos como que sigue…
Tanto tiempo a pasado y yo sigo aquí, eso fue lo que pensó mientras caminaba ese día por un costado del parque, miraba la gente en la vereda de frente que corrían como hormigas desesperadas por la próxima lluvia. El no temía, maestros había tenido en su niñez que le enseñaron a caminar bajo esta, a escucharla cantar a entenderla e incluso a hablarle si era preciso, maestros que hoy no lo acompañaban de la misma forma, ellos hace un tiempo dormían o prestaban a emprender el ultimo viaje.
Para el era bien sabido que en la ciudad no caía la misma lluvia a la que beso en su niñez, esta era acida y disonante, aunque guardaba el espíritu del agua que corre hace mil años y que limpia aquel pecado mas obscuro, no el escrito en libros sagrados o dictaminado en concilios eclesiásticos, si no que ese que cada uno carga a su manera y cree que es lo mas grave ofensa en esta creación.
Vio como la gente trataba de parapetarse en los dinteles de las puertas y como otros abordaban vehículos por la fatiga y el miedo al agua, seres que aun no viajaban en su mente, que Vivian encarcelados, sombras sin poder, mas entre esa multitud podía distinguir a aquellos que si viajaban como el, pero se encerraban en la falsedad que los radiaba, aquellos magos y brujas mas poderosos que dañaban en la mentira de la tibia humanidad, mostrándose amables en una tierra que habían enrarecido en vapores de dolor. Pero el no, ese día el solo quería caminar, caminar y no pensar, aire tibio dijo. Una hoja senescente cayo a su costado, esperaba que la sinfonía comenzara en cualquier segundo, que todo se limpiara otra vez, que en su ser se escuchara la música que su alma ansiaba tanto, y en ese deambular cubrirse con el gorro de su chaleco, el cual imaginaba larga capa, detenerse por un segundo y mirar en el horizonte los árboles acuarelados por los charcos de agua, y en ese Eón del alma, invocar con el pensamiento espíritu y voz el nombre de el elemental, para que la visión se hiciera presente, y ante el se descubriera el desbocado río negro y el alma de quien tanto amaba.
1 comentario:
una vez un maestro me dijo: hijo, hasta donde puedes entrar en un bosque... - no se maestro- respondi.
hasta la mitad, porque despues vas saliendo...
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